jueves, 3 de noviembre de 2016

Los imprescindibles de belleza.



Desengañémonos, los mayores delatores de la edad son la pérdida de hidratación y firmeza. Especialmente en el cutis, que está permanentemente expuesto a la polución y las inclemencias del tiempo, expresa nuestra emociones, y sufre de un modo más evidente las vicisitudes de nuestras vidas.
En el rostro podemos ver las huellas del tiempo, de las alegrías y sobre todo de las penas. Las huellas del estrés, de la falta de tiempo, de la falta de vida con los nuestros.

Y en la publicidad, los medios de comunicación, los personajes públicos, etc, podemos ver la presión por no envejecer, o al menos tratar de ocultarlo, especialmente el género femenino.
Muchas mujeres sufren intensamente la pérdida de aquel rostro lleno y saludable que solía mirarlas desde el espejo. Rostro al que, por aquel entonces, veían lleno de defectos.

Tal vez el aspecto físico no sea algo tan superficial ni poco importante. Uno conoce la imagen que le mira desde el espejo, vive con y confía en esa persona, es la versión de sí mismo que muestra al mundo. Y cuando a uno le gusta ésa persona, se siente a gusto consigo mismo, es más feliz.

Y cuando uno es más feliz, también tiende a ser más amable con los demás, consiguiendo en respuesta un trato en general más amable a su vez, y retroalimentando el propio bienestar. O cómo la alegría es contagiosa.

Disertaciones y teorías personales aparte, lo cierto es que la mayoría deseamos ofrecer nuestra mejor cara al mundo, y para ello hay algunos nutrientes que nos pueden ayudar.

Quizá uno de los más básicos sea la vitamina C. Ya hemos hablado anteriormente de su importancia como precursor del colágeno (artículo anterior) cuya progresiva pérdida se traduce en el descolgamiento de la piel. Pero es que además la vitamina C le aporta luminosidad, confiriéndole un aspecto más lozano.

Otro de los básicos es la vitamina E, ya que ayuda a recuperar la hidratación y por tanto la elasticidad. Claro que la hidratación debe empezar siempre por lo obvio. No debemos olvidar nunca la importancia de cubrir las necesidades diarias de agua. Y que un cuerpo con carencias termina inhibiendo el reflejo de la sed (no "sintiendo" sed), y viviendo en un estado permanente de deshidratación.
A este respecto, en la fase de mantenimiento, el germen de trigo es un buen aliado, precisamente por su aporte de vitamina E. Como alimento diario, nos aporta además otros nutrientes interesantes, cómo los ácidos grasos. No olvidemos tampoco los piñones y su alto contenido en ésta vitamina.

El silicio es otro de los aliados en la elasticidad y firmeza, y no sólo en nuestro interior. Sus efectos son mucho mejores que los de cualquier crema reafirmante, y nutre nuestros tejidos de sostén al ser esencial para la formación de fibras. Además, devuelve el brillo y la vitalidad al cabello, que sufre el paso del tiempo casi tan ostentosamente como el rostro. A nivel alimentario, se obtiene sobre todo de los vegetales de hoja verde y las bayas silvestres, conocidas como frutas del bosque.

Por supuesto, no podemos olvidar los famosos antioxidantes. Si el envejecimiento es una degeneración debida, principalmente, a la oxidación, resulta obvio que pueden ser grandes aliados. Como alimento, las bayas de goji nos aportan un buen puñado diario de antioxidantes, además de muchos otros beneficios. Y no debemos olvidar el magnífico apoyo que nos brinda el té verde, con su alta concentración de catequinas.

Ya sabemos que la piel también necesita otros nutrientes, como ácido hialurónico, omega 6, etc... pero la intención de este artículo es simplemente nombrar los principales. Como resumen, una alimentación rica en fruta y verduras, grasas vegetales (aportando bioflavonoides, fibra, omegas, nutrientes varios) y con escasez de alimentos de origen animal, azucarados e industrializados (que generan acidificación, atasco hepático, gasto energético y nutricional extra para procesarlos) conlleva una mejor salud, y por tanto mejor aspecto físico, menos deterioro y mayor energía.


María Álvarez Untereiner.



La información contenida en este artículo tiene una función meramente informativa. En todos los casos es preferible consultar con su terapeuta, médico, u otro profesional de la salud.

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