jueves, 30 de marzo de 2017

El viento y su incidencia en el comportamiento humano.


Este año, en que la primavera ha llegado acompañada de fuertes vientos y descenso de las temperaturas, surgió entre nosotros el debate de por qué las corrientes de aire afectan a los seres humanos, y si era éste un efecto oficialmente reconocido. Expresiones como "Estar aventado", o "Le dio un aire" nos recuerdan que los pueblos acostumbrados a sufrirlas son conscientes de sus efectos, a pesar de que no exista una teoría científica al respecto. De modo que me puse a buscar información acerca de por qué algunos vientos nos "vuelven locos", y aquí os expongo lo que he descubierto.

Aunque se han realizado estudios al respecto, la única conclusión científica extraíble es que existe una correlación positiva entre determinados aires y el aumento de  episodios violentos, ataques psicóticos, intentos de suicidio y/o agravamiento de los síntomas depresivos. Algunas teorías apuntan a la interacción entre el viento y los cambios climáticos que llevan asociados; como la bajada o subida de la temperatura, cambio en las presiones, variaciones de humedad, etc. Otras teorías nos recuerdan que la corrientes de aire pueden transportar grandes cantidades de elementos tóxicos volátiles; incluso se baraja la posibilidad de que el desencadenante de los trastornos mentales sea la carga iónica que nos rodea, más específicamente el cambio en la misma.


Uno de los efectos  que sí está comprobado tanto empírica como analíticamente es el llamado efecto Foehn. Se trata de un efecto termodinámico producido cuando una masa de aire entra en contacto con las montañas, produciendo un calentamiento del aire al descender por la vertiente opuesta. Esto genera un cambio brusco en la humedad y la temperatura, que parecen relacionarse con el aumento de dolores de cabeza y fatiga general. En España se da también en lugares como la Cordillera Cantábrica cuando sopla el viento del sur, Pirineos, la Sierra de Gredos y las islas Canarias.



Griegos y romanos ya le daban gran importancia a la influencia del viento sobre el comportamiento; Hipócrates ya advirtió sobre éste hecho, incluso en la Biblia hay referencias a trastornos de personalidad causados por ciertos aires. En España, los vientos a los que se asocian alteraciones psíquicas son la tramontana, el viento sur del Norte, el siroco procedente del Sáhara y el poniente de Barcelona. En 1975 la OMS comienza a estudiar sus efectos en la población, pero aún no se conocen las causas de éste fenómeno.


Lo que sí se sabe es que el viento ejerce una acción mecánica sobre todo el organismo. Por ejemplo, activa la circulación y evaporación cutáneas, excita las terminaciones periféricas, aumenta la amplitud respiratoria y la actividad  nerviosa. Reseca la piel, el cabello, los pulmones y las plantas, y afecta al estado de ánimo de las personas llamadas "meteorosensibles". De hecho, existe una disciplina  encargada de estudiar la influencia de la meteorología en los trastornos mentales y algunas enfermedades físicas; la Biometeorología. Los efectos más comunes que se suelen achacar al cambio en las corrientes son irritabilidad y aumento de la agresividad, ansiedad, melancolía intensa o jaquecas.

Según esto, existirían cinco "perfiles bioclimáticos", a saber:

  • Individuos "equilibrados": No les afectan los cambios climáticos porque sus hormonas se regulan constantemente en busca del equilibrio idóneo.
  • Individuos "simpaticotónicos": Los cambios de temperatura y presión atmosférica les provocan un estado de alerta permanente, que les conduce a la hiperactividad.
  • Individuos "vagotónicos": Al ser su nervio vago el estimulado, sufren un descenso de su energía y apetito. Esto se debe a que la activación del nervio vago genera la producción de acetilcolina, provocando un exceso de relajación.
  • Individuos "serotonínicos": Los cambios climáticos alteran su producción de serotonina derivando en irritación, ansiedad por comer dulce, espasmos musculares e incluso taquicardia.
  • Individuos "tiroideos": Se altera su hormona tiroidea liberando grandes cantidades de tiroxina, de modo que su organismo va "sobrerrevolucionado". Esto se traduce en diarreas, sensación de calor, sudoración, mal humor y agresividad.
En conclusión; la climatología afecta al comportamiento humano en muchos casos, pero es más bien la interacción entre temperatura, cambios en la presión ,viento y corrientes de aire que un sólo elemento lo que nos "altera". Sin embargo, y a pesar del amplio consenso empírico, aún no sabemos apenas nada de los mecanismos de acción ni de la verdadera relevancia de este fenómeno.

Por último, aquí os dejo un enlace que me ha parecido realmente completo e interesante: http://saludbio.com/articulo/los-efectos-del-viento-en-la-salud

                                                                                                            María A. Untereiner

La información contenida en este artículo tiene una función meramente informativa. En todos los casos es preferible consultar con su terapeuta, médico, u otro profesional de la salud.

Agradecimientos: "Aemet blog", "El trastero de Palacio", Laura Chaparro, Charo Sierra para "Doctissimo".


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