jueves, 22 de junio de 2017

Pasos previos de un tratamiento curativo, importancia del estado del organismo en la recuperación y posterior bienestar.



Cuando comenzamos un tratamiento es porque algo, en nuestro cuerpo o en nuestra mente y finalmente en ambos, va mal. Independientemente de la patología, la observación y la experiencia nos dicen que ese desorden se ha producido por una acumulación de elementos tóxicos; ya sea el estrés, la contención emocional, los sentimientos negativos cronificados, la polución o la toxicidad derivada de nuestra alimentación y forma de vida. Por ejemplo, tradicionalmente el método de conservación de carnes, cereales y frutas era la desecación. Para conseguir conservarlos en buen estado durante más tiempo, los métodos modernos como la congelación y liofilización requieren del uso de conservantes y aditivos para poder consumirlos con seguridad. Conservantes y aditivos que, en muchos casos, nos intoxican al menos tanto como nos protegen.

La enfermedad no surge de la nada, conozcamos o no su desarrollo. Al comprender esto llegamos a la inevitable conclusión de que debemos cambiar nuestros hábitos, especialmente nuestra alimentación, ya que es nuestra principal fuente de nutrientes (Necesarios para fabricar, catalizar reacciones, regular, y en fin, vivir). He aquí una de las disyuntivas básicas entre medicina tradicional y natural, las mal llamadas terapias alternativas: curar el síntoma y tratar la enfermedad, o sanar al organismo y optimizar su capacidad de protegerse y autorregularse.

        No sólo importa qué tomamos; si el cuerpo no funciona correctamente los nutrientes no son absorbidos ni, por tanto, utilizados. Por poner un ejemplo, un tratamiento sin estos pasos básicos sería como remodelar un apartamento sin tirar los trastos inútiles, limpiar la porquería acumulada, arreglar los grifos que gotean, etc. No nos sorprenderíamos si poco tiempo después de colocar nuevos suelos y pintar las paredes las humedades y los focos de suciedad volvieran a aparecer en sus antiguos lugares. Si nuestro hígado está atascado no metabolizará correctamente, si nuestro intestino está inflamado y permeable nos seguirá intoxicando, si nuestra flora intestinal no es adecuada el sistema inmune y la síntesis de muchos neurotransmisores se verán negativamente afectadas. Del mismo modo que podemos utilizar la mejor crema del mercado, pero si nuestra piel está seriamente deshidratada y sucia el principio activo no es absorbido ni aprovechado.
Si seguimos los preceptos naturistas, que son los que realmente nos aportarán un cambio significativo y un bienestar duradero, lo primero es siempre limpiar y reequilibrar.

           Esto es perfectamente aplicable en el caso de las dietas, ya que del mismo modo que una infusión es la forma básica de extraer, la alimentación es la forma más básica de tratar. Incluso en muchas enfermedades consideradas mentales como depresión, alzheimer, autismo... se han observado déficits nutricionales y mejorías significativas con cambios de dieta y suplementación nutricional con, por ejemplo, omega 3. Por supuesto, no en exclusiva, sino como coadyuvantes/reguladores/facilitadores/ “materia prima” de elementos necesarios para nuestro correcto funcionamiento. No todo se resuelve con una nutrición adecuada, ojalá fuera así; pero sí se sabe que muchas patologías tienen su origen en una alimentación inadecuada o deficiente, y que la adaptación de la dieta conlleva una mejoría en mayor o menor grado.

             Por tanto, es primordial “poner a punto” nuestro organismo para poder trabajar el terreno de ahí en adelante: eliminar los deshechos y reparar la “maquinaria” para que funcione adecuadamente. Es decir, cuidar de nuestro organismo para que él pueda desarrollar plenamente sus capacidades. En conclusión; limpiar, detoxificar y regenerar son los primeros pasos de un tratamiento exitoso, y en casos como la dermatitis o la inflamación crónica, por ejemplo, incluso suponen gran parte de la cura.

María A. Untereiner


La información contenida en este artículo tiene una función meramente informativa. En todos los casos es preferible consultar con su terapeuta, médico, u otro profesional de la salud.


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