jueves, 12 de junio de 2014

Antioxidantes y salud ocular

Los ojos son la ventana al mundo exterior y precisamente por ello se encuentran continuamente amenzados. La exposición constante a la luz, a los contaminantes ambientales, a los rayos ultravioletas y al oxígeno atmosférico, son agentes que contribuyen al daño oxidativo, siendo este proceso el punto de inicio de muchos trastornos oculares. Y es que son muchas las publicaciones científicas que evidencian que el estrés oxidativo juega un papel crucial en el desarrollo de patologías oculares como las cataratas, la degeneración macular, el glaucoma o la retinopatía diabética.


El sistema ocular es una verdadera obra de ingeniería que incluye estructuras muy sensibles a la oxidación lumínica. Concretamente la retina es un tejido que está expuesto constantemente a la luz lo cual favorece la oxidación de sus membranas celulares. Además la retina es el tejido que proporcionalmente consume más oxígeno, lo que genera una alta producción de especies reactivas del oxígeno. es por ello que, el epitelio pigmentario retiniano resulta esencial para contrarrestar el estrés oxidativo originado en la retina. Para este propósito, dicho epitelio cuenta con mecanismos de defensa que reducen las reacciones de peroxidación responsables en parte del daño ocurrido en estructuras y membranas oculares. Los antioxidantes se encuentran en altos niveles tanto en la retinna como en el cristalino distinguiendo entre los enzimáticos como la superóxido dismutasa (SOD), la catalasa o el glutation peroxidadasa y los no enzimáticos como la vitamina C, la vitamina E, la luteína o la zeaxantina.


La pérdida del equilibrio entre los mecanismos oxidativos y los sistemas fisiológicos antioxidantes se ha implicado en la patogenia de numerosas enfermedades oculares. Así en el casos de las cataratas, la evidencia científica sugiere que la exposición crónica a la luz es una de las fuentes que genera mayor cantidad de especies reactivas del oxígeno que oxidan los grupos sulfidrilos (-SH) de las proteínas del cristalino provocando el entrecruzamiento y la agregación de dichas proteínas con la consiguiente formación de opacidades en él. Otra patología ocular donde el componente oxidativo juega un papel primordiales en la degeneración macular asociada a la edad (DMAE). Aquí el exceso de radicales libres afectan a los fotorreceptores de la retina, que son las células responsables de procesar la luz y proporcionarnos la imagen. El resultado final es la incapacidad del epitelio pigmentario de la retina de digerir estas moléculas dañadas, dando lugar a una secreción y acumulación de material anómalo en esta capa retiniana que fomenta el progreso de la enfermedad. Afecta a la región central de la retina, concretamente a  la mácula y su degeneración da lugar a una pérdida parcial o total de la agudeza visual central. Ciertos factores ambientales como la exposición crónica a la luz o el tabaquismo, se consideran factores de riesgo asociados al la DMAE ya que contribuyen a la formación de radicales libres responsables de la degeneración de los fotorreceptores.

En los últimos años han surgido numerosas publicaciones que apuntan a que la administración de compuestos antioxidantes ejerce un efecto beneficioso a nivel ocular, existiendo una menor incidencia de hallazgos relacionados con enfermedades degenerativas de la retina y cuando existen, se han mostrado eficaces para frenar la progresión de la enfermedad. A la luz de los datos que avalan el uso de vitaminas, minerales y otros fitonutrientes de acción antioxidante, parece lógico recomendar la toma de un preparado antioxidante cuya combinación ha demostrado ser más efectiva que la toma de cualquiera de ellos por separado gracias a la actividad sinérgica de estos complejos.

Luteína, Zeaxantina, Astaxantina Licopeno:

La luteína es un pigmento vegetal que se deposita en la retina actuando como filtro biológico de la luz y que además es precursora de la zeaxantina teniendo ambas un efecto antioxidante. Conforman el pigmento macular porque es en la mácula (región central de la retina) donde se fijan de forma selectiva y específica. Un mayor consumo de ambas se asocia directamente con un aumento de la densidad del pigmento macular proporcionando una mejora de la función visual. Los investigadores concluyen que 6 mg. de luteína al día da lugar a un 43% de riesgo inferior de desarrollar DMAE. Los pacientes con DMAE tratados con luteína han obtenido una mejora de la agudeza visual dos veces superior respecto de los no tratados. En caso de patología muchos aumentan la dosis hasta 20 mg. y así está formulado. La luteína también se ha detectado en el cristalino por lo que distintos estudios confirman que tiene un efecto de ralentización en la progresión de las cataratas. La astaxantina es un carotenoide similar en estructura a la los anteriores que presenta una todavía más potente actividad antioxidante y que ha demostrado su eficacia frenando la generación de radicales libres en la retina. En cuanto al licopeno, se han realizado distintos estudios para valorar su efecto sobre la salud ocular y los datos sugieren que la administración de este carotenoide junto con otros antioxidantes proporcionaría una menor probabilidad de padecer degeneración macular.

Multiantocianidinas:

Las antocianidinas presentes en las bayas de algunos frutos como los arándanos, grosellas, moras, frambuesas entre otros, refuerzan las fibras del tejido retiniano y mejoran la microcirculación disminuyendo la presión ocular por lo que ha sido descrito su uso en el tratamiento del glaucoma, cataratas, retinopatía entre otras patologías.

Vitamina E:

Es un antioxidante liposoluble que mantiene la integridad de las membranas de las células del cristalino y la retina al protegerlas de la peroxidación lipídica. Niveles bajos de esta vitamina se han asociado a un mayor riesgo de formación de cataratas. Se ha relacionado con un efecto protector frente a la degeneración macular.


Betacaroteno (natural):


Es un precursor de la vitamina A, la cual se considera una gran protectora de la función visual ya que es parte integrante de los pigmentos fotosensibles de las células de la retina. Deficiencias de vitamina A se han relacionado conceguera nocturna, sequedad ocular y otros trastornos de la córnea.

Extracto de semilla de uva, Mirtilo y Ginkgo:

Las proantocianidinas de las semillas de uva han mostrado aplicación clínica en las cataratas y en la disminución de la agudeza visual. También algunos estudios experimentales describen la acción protectora de las procianidinas oligoméricas sobre el estroma corneal al mantener la composición de las fibras de colágeno y participar en la biosíntesis de las mismas. El mirtilo, fruto ampliamnete estudiado en oftalmología, presenta un elevado contenido antocianidinas, fitoactivos con una alta afinidad por el epitelio pigmentado de la retina. Mejora el aporte sanguíneo y la oxigenación del ojo y captan radicales libres que pueden desorganizar las fibras de la retina y del cristalino. Diversos estudios han confirmado su actividad sobre la agudeza visual nocturna acelerando la acomodación a la oscuridad. También refuerzan las fibras del tejido retiniano mejorando la microcirculación y disminuyendo la presión ocular por lo que ha sido descrito su uso en el tratamiento del glaucoma. Se han elaborado distintos estudios para evaluar los posibles beneficios del Ginkgo en el glaucoma, degeneración macular y cataratas. En pacientes con glaucoma incrementó el flujo sanguíneo de la arteria oftálmica. Demostró una marcada acción antioxidante y retrasó la progresión de la opacificación del critalino.

Vitamina B1, B2, B3, B6 y C:

La B1, B2 y la B3 ejercen un efecto protector frente a las cataratas. Además la B2 influye en la regeneración del glutatión por lo que contribuye al efecto antioxidante en el tejido ocular. La B3 posee un efecto vasodilatador lo que favorece el flujo sanguíneo coroidal. La B6 participa en el metabolismo del aminoácido metionina. Un déficit de vitamina B6, además de reducirla síntesis de glutatión, puede alterar dicho metabolismo pudiendo provocar ciertos trastornos oculares como glaucoma secundario. Pacientes con cataratas presentan unos niveles disminuidos de vitamina C en el cristalino. Puede ayudar a prevenir la formación de cataratas al mantener los niveles de glutatión y en pacientes con glaucoma disminuye la presión intraocular. En un estudio a gran escala se incoroporó junto con otros antioxidantes y se observó una reducción de la progresión de la DMAE en un 25%

Glutatión reducido:

El cristalino dispone de elevadas concentraciones para proteger el tejido ocular del estrés oxidativo y tiene un papel preventivo en la formación de cataratas y en la DMAE.

Zinc citrato, Seleniometionina y Cobre gluconato:

Son cofactores de algunos de los sistemas de defensa antioxidante del tejido ocular. Se ha comprobado que existe una disminución de la actividad de estos sistemas en el cristalino cataroso debido a la depleción de estos minerales. Los niveles de zinc son elevados en las células pigmentadas de la retina y fotorreceptores. El selenio se requiere para la actividad de la glutatión peroxidasa.

Ácido Alfa-lipoico:

Además de contribuir a aumentar los niveles de glutatión, numerosos estudios lo han valorado por sus beneficios en la retinopatía diabética, una complicación asociada a la diabetes, producida por una alteración microvascular de la retina.


Información cedida por "Sura Vitasan"

Este artículo tiene un carácter meramente informativo. Si tiene cualquier duda, es preferible consultar con su terapeuta, médico u otro profesional de la salud.

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