jueves, 27 de octubre de 2016

Dolor de cabeza y migraña



Hay dos tipo principales de dolor de cabeza: Dolor de Cabeza Primario, que no se debe a ningún problema de salud subyacente; y Dolor de Cabeza Secundario, que es causado por una enfermedad o lesión independiente. El tipo más común de dolor de cabeza es el Dolor de Cabeza Primario, llamado también Tensional.


Migraña. Causas desencadenantes

La migraña no tiene una causa clara, pero varios sucesos pueden ocasionarla. Puede venir con síntomas como náuseas y vómitos. 
En ocasiones, antes de los ataques, se experimentan síntomas que se describen como luces intermitentes, hormigueos y mareos. La buena noticia es que, el dolor de cabeza y la migraña, son a menudo tratados con facilidad y, generalmente, no son graves. Los expertos también recomiendan un estilo de vida saludable y una dieta sana y equilibrada, no fumar, beber una cantidad moderada de alcohol, dormir lo suficiente y hacer ejercicio.


¿Dolor de cabeza o migraña? 

Principales tipos de Dolor de Cabeza Primario


Dolor de Cabeza Tensional:

Es el más común. Los síntomas incluyen un dolor sordo en ambos lados de la cabeza, con una sensación de presión alrededor de la cabeza o detrás de los ojos. Puede durar desde media hora hasta varias, aunque algunos por tensión pueden durar varios días.
De acuerdo con el NHS, pueden presentarse una vez o dos veces al mes. Si es hasta 15 veces al mes, dolor de cabeza tensional episódico, y si es más de 15 veces al mes, dolor de cabeza tensional crónico.
Existen muchas causas, incluyendo: estrés, la falta de sueño, saltarse las comidas, deshidratación.... Otros factores desencadenantes son la luz del sol, fatiga visual, el ruido, la falta de ejercicio, malas posturas e incluso ciertos tipo de olores.



Dolor de Cabeza en Racimo:
Éstos pueden ser muy dolorosos, pero son bastante raros. Se cree que alrededor de una de cada 1000 personas podrían verse afectadas. Los síntomas típicos incluyen dolor intenso en un lado de la cabeza (por lo general alrededor o detrás de un ojo), y es más severo que el dolor de tensión o incluso de migraña. Se llaman "en racimo" porque pueden ocurrir hasta tres ataques al día durante semanas o incluso meses.
Entonces, por lo general, desaparecen por un tiempo, (tal vez por unos pocos meses o años), antes de comenzar nuevamente.
Al igual que con el dolor de cabeza tensional, un dolor de cabeza en racimo puede ser episódico en racimo (período libre de dolor de un mes o más), y crónico en racimo (períodos libres de dolor de menos de un mes).

Los expertos han estudiado lo que sucede en el cerebro durante un ataque, y algunos opinan que el hipotálamo libera sustancias químicas llamadas neurotransmisores, las cuales pueden causar dolor mediante la estimulación de las células nerviosas en el cerebro.

Otra teoría es que puede verse originado por la dilatación de los vasos sanguíneos en el cerebro, provocando dolor, que es causado por el aumento de presión a los tejidos cerebrales. Desafortunadamente, la mayoría de los dolores de cabeza en racimo no tienen ninguna causa desencadenante, aunque algunas personas que lo padecen, encuentran que el alcohol, los olores fuertes y sentir demasiado calor, puede provocarlo.



Migraña:
La migraña es realmente del tipo de Dolor de Cabeza Primario. Los síntomas incluyen un dolor pulsátil o punzante, previamente acompañado, en ocasiones, con alteraciones visuales, tales como: luces parpadeantes, patrones en zig-zag, puntos ciegos, entumecimiento, hormigueo, hormigueo en las extremidades, mareos y sensación de inestabilidad, todos conocidos como "aura".
Hay tres tipo principales: migraña con aura, migraña sin aura y aura de migraña sin dolor de cabeza, llamada a veces "migraña silenciosa", ya que causa síntomas de aura, pero no el fuerte dolor.

En realidad nadie sabe qué causa la migraña, aunque algunos expertos creen que es el resultado de la liberación de ciertas sustancias químicas en el cerebro. Sin embargo, hay varios factores que la desencadenan, incluyendo la fluctuación de los niveles hormonales, el estrés, la ansiedad, depresión y la excitación, no dormir lo suficiente, tener niveles bajos de azúcar en la sangre, una mala postura, no comer o beber con regularidad, o el consumo de alcohol.
Ciertos alimentos también están relacionados, incluido el chocolate, queso y frutas cítricas. Otros desencadenantes incluyen luces brillantes, ruidos fuertes, olores fuertes, pantallas de ordenador o televisión y temperaturas muy frías, así como ciertos tipos de medicamentos (terapia de reemplazo hormonal, la píldora anticonceptiva oral y algunas pastillas para dormir).



¿Cuándo es serio el dolor de cabeza?

Afortunadamente los olores de cabeza más graves no son comunes, pero si tiene alguno de los siguientes transtornos, consulte a su especialista tan pronto como sea posible:
  • El dolor de cabeza aparece de repente y severamente (especialmente si recientemente ha sufrido un golpe en la cabeza)
  • El dolor de cabeza se acompaña de fiebre, convulsiones, sensación de somnolencia, visión borrosa o vómitos.
  • Hay un cambio dramático en su patrón de dolor de cabeza o migraña normales.
  • Si tiene una migraña con síntomas de aura que suceden en el mismo lado del cuerpo con cada ataque.
  • Experimenta su primera migraña a la edad de 50 años o más.


Nutrientes y tratamientos naturales

Magnesio
Este mineral ha demostrado ser un tratamiento eficaz para la migraña. En un estudio, los voluntarios que tomaron un suplemento de magnesio al día, tuvieron un 40% menos de ataques de migraña qeu los que tomaron un placebo. Otros estudios sugieren que el magnesio puede ser útil como tratamiento para la migraña hormonal (menstrual) en mujeres.
Buenas fuentes de magnesio son la levadura de cerveza, la melaza, el salvado de trigo y las nueces.


Jengibre
Las evidencias que sugieren que puede ayudar a reducir el dolor de migraña. En un estudio publicado en 2014, a quienes sufrían migraña se les dió jengibre en polvo o un medicamento para la migraña. Ambos grupos afirmaron que su migraña mejoró, en dos horas, en un 90%


Complejo de vitaminas B
Ciertas vitaminas B ayudan al cuerpo a hacer frente a los efectos negativos del estrés. Un estudio halló que tomar un suplemento de complejo B durante 90 días puede conducir a una reducción significativa de la experiencia del estrés en el trabajo.


Otros tratamientos naturales
La acupuntura, quiropráctica, hipnosis, osteopatía y las terapias de relajación pueden ser muy beneficiosos.


Información facilitada por Lamberts


La información contenida en este artículo tiene una función meramente informativa. En todos los casos es preferible consultar con su terapeuta, médico, u otro profesional de la salud.


jueves, 20 de octubre de 2016

Semillas comestibles, fuente de vida

En un artículo anterior prometíamos hablaros de las propiedades de las semillas comestibles, pequeñas joyas nutricionales, óptimas para utilizar en otoño y nutrirnos así con todos los elementos necesarios para afrontar el cambio de estación, el cual implica un acortamiento de los días y una bajada de temperaturas que ponen a prueba a nuestro metabolismo.



Muchas personas desconocen o infravaloran cómo afectan estos cambios al organismo y que es necesario prepararnos para amortiguar su “impacto”. Por un lado la disminución lumínica durante el día afecta a nuestro estado de ánimo y dificulta la conciliación del sueño durante la noche. Por otro, el frío produce una bajada de las defensas que facilita que contraigamos diferentes infecciones.


Es por todo ello que un aporte extra de nutrientes resulta muy favorable en esta temporada, y una magnífica fuente para conseguirlos son las semillas comestibles. Las semillas son granos que contienen al embrión que dará lugar a la nueva planta, así como los nutrientes para su desarrollo. Usualmente se encuentran contenidas en frutos o pseudofrutos. Conociendo esto entenderemos que la planta dote a la semilla de una gran riqueza nutricional para garantizar su germinación.

Normalmente se comen directamente, bien sean enteras o molidas, lo que facilitará la asimilación de los nutrientes en las semillas más duras. Para incorporarlas a nuestra alimentación podemos añadirlas a ensaladas, sopas, incorporarlas en la preparación de panes, galletas… Cada uno buscaremos la forma que nos resulte más sencilla y sabrosa.
El consumo de semillas en nuestro país es aún poco habitual pero ha ido aumentando poco a poco en los últimos años, a medida que la población ha ido sabiendo de sus propiedades, como su riqueza en ácidos grasos saludables, proteínas y minerales. Debido a que, en su mayoría, son aún grandes desconocidas, os explicamos a continuación la composición y principales propiedades de las que más fácilmente podemos encontrar en el mercado:

Chía
Chía: La chía es una semilla que adquirido un gran reconocimiento en los últimos tiempos y desde luego lo ha hecho con razón. Se trata de un pequeño grano oscuro cuya aparente insignificancia no deja traslucir su inmenso valor nutricional.Comencemos por sus minerales, entre los que destacaremos el magnesio, un mineral habitualmente deficitario con un papel fundamental en el sistema nervioso, óseo y muscular. Respecto a sus ácidos grasos posee una más que considerable cantidad de omega 3, otro nutriente que usualmente escasea en nuestra alimentación. Estos se caracterizan por ser precursores de sustancias antiinflamatorias y proteger al sistema cardiovascular. No olvidemos que las patologías cardiovasculares son hoy en día la principal causa de fallecimiento en los países occidentales.
Finalmente destacaremos su elevada cantidad de fibra soluble, muy útil en el estreñimiento, y de compuestos antioxidantes. Los antioxidantes nos ayudarán a contrarrestar el exceso de radicales libres que se producen a consecuencia de un estilo de vida en el que las prisas están al orden del día, y cuyo exceso también se ve favorecido por la polución y las enfermedades.

Semillas de lino
Lino: La semilla de lino ha gozado de gran popularidad desde hace muchos años entre las personas aficionadas al mundo de la herbodietética, pero no podemos decir lo mismo de la población general. Como la chía es rica en ácidos grasos omega 3, aún más que la anterior, y también en fibra soluble. Comparte además con las anteriores su riqueza en magnesio, pero destaca especialmente por el manganeso, un mineral que contribuye al buen funcionamiento de nuestro sistema nervioso, la formación de los huesos y de los cartílagos. Respecto a las vitaminas contiene una elevada cantidad de vitamina E, muy antioxidante, y de B1, con un importante papel para el adecuado funcionamiento del sistema nervioso.

Semillas sésamo
Sésamo: Las semillas de sésamo se caracterizan ante todo por su riqueza en calcio, se tratan de hecho de una fuente excepcional de este mineral gracias al cual podemos prevenir la tan temida osteoporosis. Al igual que otras semillas es rica en magnesio, pero también en cobre, un mineral que contribuye a la prevención de la anemia y mejora el sistema inmune, lo que las hace muy útiles durante esta estación. Las semillas de sésamo poseen la ventaja de que podemos encontrarlas en forma de tahín, una crema hecha exclusivamente con esta semilla y cuyo consumo nos permite asimilar el calcio con más facilidad que si las tomásemos directamente.

Pipas de girasol
Pipas de girasol: Por fin llegamos a las famosísimas pipas de girasol, de las que todos hemos disfrutado en algún momento sin conocer sus propiedades. Del lado de las vitaminas os contaremos que poseen una elevada cantidad de vitaminas B, adecuadas para el sistema nervioso. Respecto a los minerales es reseñable su cantidad de magnesio, cobre, hierro y selenio, de los primeros ya os hemos hablado, mientras que del selenio conviene resaltar que resulta fundamental para la tiroides, además de ser muy antioxidante. Debemos de tener en cuenta que para obtener todos estos beneficios tomaremos estas semillas crudas, pues en el proceso de tostado a las que habitualmente se someten, pierden buena parte de sus componentes.

Pipas de calabaza
Pipas de calabaza: Las deliciosas pipas de calabaza se caracterizan por ser una fuente rica en magnesio y zinc. Nos gustaría destacar la importancia de este último mineral para el buen funcionamiento del sistema inmune, hasta el punto de que su déficit tiene como uno de sus principales síntomas las infecciones recurrentes. También es reseñable su papel en el aparato reproductor, especialmente para la salud prostática, siendo recomendable un puñado diario de estas semillas en caso de que se padezca hiperplasia benigna de próstata. A este respecto debemos indicar que además de zinc las semillas de calabazas poseen una considerable cantidad de  β-Sitosterol, que también ha demostrado ser eficaz para disminuir los síntomas de la hiperplasia benigna de próstata.


Podríamos continuar con multitud de virtudes de muchas otras semillas pero realmente a menudo el exceso de información solo deriva en menor conocimiento, un error muy común hoy en día. Es por esto que hemos preferido detallaros tan solo algunas de las más conocidas. No puedo dejar sin embargo de mencionar aquí otras, como los piñones y su extraordinaria riqueza en vitamina E, las de cáñamo, con gran cantidad de aminoácidos, o las de amapola, con una elevada presencia de calcio.

Como veis la variedad es más que considerable y algunas de ellas las encontraréis tan solo en tiendas especializadas; pero desde luego merece la pena acercarse a estos preciados alimentos y descubrir todos sus beneficios, que las convierten en un estupendo aliado para afrontar el día a día, y muy especialmente durante estas semanas de cambio de tiempo. Porque la mejor manera de disfrutar del otoño es preparando nuestro organismo para él.


Deva Camino Monteserín Fernández
Bióloga. Máster en Terapias Naturales y Nutrición
 por la Universidad de Santiago de Compostela

La información contenida en este artículo tiene una función meramente informativa. En todos los casos es preferible consultar con su terapeuta, médico, u otro profesional de la salud.

jueves, 13 de octubre de 2016

Robióticos y probióticos: Más allá de eslóganes publicitarios

En esta ocasión hemos elegido un tema que podríamos decir que está, en cierta manera, de moda. A ello ha contribuido especialmente la publicidad televisiva de algunas empresas de alimentación, que fomentan enormes expectativas que por desgracia, no suelen corresponderse con lo que nos ofrecen. De hecho hace ya un tiempo que me apetecía hablaros de esta materia, no solo por su importancia sino también por la confusión que genera. 

Los mensajes publicitarios sobre las propiedades saludables de algunos productos con probióticos o prebióticos, no siempre son lo suficientemente precisas.

Para comenzar me parece fundamental clarificar conceptos. Lo primordial para desenmarañar la madeja de las informaciones imprecisas es saber qué es un probiótico. Pues bien, los probióticos son microorganismos que habitan en nuestro tubo digestivo y que nos aportan uno o más beneficios, la mayoría de ellos se localizan en el colon. La siguiente cuestión sería ¿En qué se distingue un probiótico de un prebiótico? Pues son totalmente diferentes, ya que los prebióticos son sustancias nutricionales que ingerimos y que incrementan o mejoran la actividad de los microorganismos probióticos. Los prebióticos se caracterizan además porque no son digeribles, es decir, no son absorbidos en el intestino, sin embargo los microorganismos del tubo digestivo sí que los aprovechan. 

Ahora podemos pasar al siguiente punto de importancia ¿Qué nos aportan? Para ello debemos de considerar que en el colon hay más de 100 billones (Sí, con B) de bacterias que junto con otros microorganismos, virus y levaduras principalmente, conforman un complejo ecosistema de cientos de especies, esto es lo que se denomina microbiota intestinal, y que popularmente conocemos como “flora intestinal”. Todos ellos suponen un número de células 10 veces superior a las propias del organismo humano, dato que nunca dejará de sorprenderme.

La microbiota varía entre cada individuo, esta depende de múltiples factores, como qué bacterias nos transfirió nuestra madre durante el nacimiento, si ha habido o no lactancia materna, nuestra alimentación, el agua que bebemos, el estrés, enfermedades, medicaciones… Un dato curioso es que se cree que existen tres patrones básicos según la flora que poseamos, pero esto es algo que se sigue estudiando hoy en día por lo que por el momento no vamos a profundizar en sus posibles repercusiones, y más teniendo en cuenta que existen muchos otros asuntos constatados para abordar en este artículo.
En el colon es donde se concentra un mayor número de bacterias intestinales.

Las funciones de la microbiota son variadas y cada vez los estudios muestran más conexiones con otros sistemas corporales que resultaban difíciles de imaginar, como con el sistema nervioso, el cardiovascular, el metabolismo... De todas formas hoy nos centraremos en las más evidentes, ya que son trascendentales:
  • Mejora de la nutrición al transformar sustancias que nuestro intestino por sí solo no podría asimilar.
  • Prevención de infecciones al impedir el asentamiento de microorganismos patógenos.
  • Favorecen el desarrollo adecuado de las células del epitelio intestinal.
  • Apoyan el desarrollo del sistema inmune y su funcionamiento (Son inmumomoduladoras)

Posiblemente sea esto último lo que ha suscitado un mayor interés para la población general. Sin estos microorganismos la producción de células inmunes es muy baja, por lo que los patógenos podrían invadirnos con gran facilidad, siendo víctimas de continuas infecciones. Podemos decir, de manera metafórica, que nuestro sistema inmune se “entrena” con la microbiota intestinal. Como ya hemos mencionado en otras ocasiones el intestino es el órgano que alberga un mayor número de células inmunes, lo cual no debería sorprendernos si tenemos en cuenta su constante exposición a “elementos externos”, principalmente los alimentos y todo lo que les acompañan, incluyendo los aditivos y los microbios. Todo esto hace de la microbiota un elemento decisivo para la inmunidad, y no solo en cuanto a número de células, sino en cuanto a que esas células se formen y “trabajen” correctamente, de forma que una buena microbiota disminuye, por ejemplo, la respuesta a algunos alérgenos.

Existen dos géneros*, el de los lactobacilos y el de las bifidobacterias que comprenden un gran número de especies probióticas. Se sabe que su utilización es segura y de hecho la mayoría de los complementos alimenticios de probióticos se basan en ellos. Es conveniente que conozcamos que cada especie actúa de manera diferenciada en nuestro intestino, incluso existen variedades importantes en cuanto a las subespecies y a las cepas. Veamos un caso especialmente interesante, Escherichia coli es una especie con gran diversidad, no se puede considerar, en su conjunto, de uso seguro por lo que no se incluye habitualmente en los suplementos alimentarios. Entre esa gran variedad de Escherichia coli tenemos, por ejemplo al microorganismo Escherichia coli cepa CFT073 que causa infecciones a nivel urinario, pero también a Escherichia coli Nissle 1917 que es una cepa probiótica con resultados alentadores en la colitis ulcerosa. Como os decía a Escherichia coli no suele incluírsele en los suplementos de probióticos pero si a muchas especies de lactobacilos y bifidobacterias, que si bien son seguras no todas son eficaces. Por todo esto cuando nos interesemos por un suplemento con bacterias probióticas sería conveniente que nos informásemos de si las especies que contienen han sido identificadas y estudiadas a nivel de cepa, ya que no todos los fabricantes tienen el suficiente cuidado.

Otro asunto a saber respecto a los probióticos, y que se pregunta con frecuencia, es el tiempo que es necesario consumirlos. Pues bien, como es lógico presuponer, esto dependerá del uso que se quiera dar a esos probióticos. Uno de los más habituales es el de prevenir la diarrea asociada frecuentemente a algunos antibióticos, aquí sería suficiente con consumirlos durante el tiempo que dure el tratamiento. Otro caso bien distinto sería en el que pretendemos modificar la microbiota general de una persona, los estudios actuales apuntan que se necesitarían meses de tratamiento y, posiblemente, continuar con una toma periódica, intercalando épocas de descanso.

Debemos de tener en cuenta que el consumo de probióticos debe ser en dosis suficientes para mostrar su eficacia, y ésta suele ser a partir de 109 (Mil millones) de bacterias viables al día. Con viables nos referimos a su capacidad para sobrevivir a las difíciles condiciones del tracto digestivo, como la acidez estomacal. En la viabilidad del microorganismo no solo influyen las características propias de su especie, sino también las de la forma en que se presentan, por ejemplo, de que está hecha la cápsula. Por otro lado conviene que conozcamos que su ingesta puede ocasionar molestias, la más usual es el hinchazón, especialmente si se toman lactobacilos, que parecen ser las especies más eficaces para la prevención de algunas infecciones que originan diarreas. Para mitigarlo suele ser suficiente con partir de una dosis más baja e ir aumentándola gradualmente. Aprovecho para comentaros aquí, que existe una cepa de Bifidobacterium infantis con evidencia favorable sobre el hinchazón en pacientes con el síndrome del intestino irritable; como vemos de nuevo, es muy importante que nos informemos de qué probiótico conviene tomar para cada caso.


Algunas especies de bacterias probióticas se han mostrado eficaces para reducir la intensidad de la sintomatología asociada al síndrome del intestino irritable.
Si nos centramos en las E.I.I., se están llevando a cabo muchos experimentos sobre su posible relación con alteraciones de la microbiota. Se han encontrado anomalías en los patrones habituales de las especies que componen la microbiota de los pacientes con E.I.I., esto ha abierto nuevas vías de investigación para tratar de constatar si una mejora de la misma repercute en la evolución de la patología o en un alivio de la sintomatología asociada. Si bien los estudios referentes a la enfermedad de Crohn son aún poco clarificadores sobre el posible papel de los probióticos, sí existen evidencias en enfermedades inflamatorias intestinales como la colitis, la pouchitis* ulcerosa o la enterocolitis necrotizante en prematuros. Veíamos anteriormente el ejemplo de Escherichia coli Nissle 1917, que se ha mostrado útil en mantener la remisión en la colitis, pero existen incluso ensayos en los que mezclas de probióticos a altas dosis han resultado eficaces para favorecer la remisión durante la colitis ulcerosa activa leve o moderada. Las investigaciones continúan en la actualidad.

Hoy en día se anuncian probióticos en comprimidos y otros que han sido añadidos a los alimentos, pero los probióticos han estado presentes en nuestra dieta mucho antes de que llegase este “boom” al mercado. Los alimentos que naturalmente los contienen son aquellos que han sufrido una fermentación por parte de microorganismos que nos son beneficiosos y que poseen además las condiciones adecuadas para su supervivencia. El más conocido es el yogur, que consiste en leche fermentada por las especies Lactobacillus delbrueckii subesp. bulgaricus y Streptococcus thermophilus. Se ha demostrado que su consumo disminuye la sintomatología asociada a la intolerancia a la lactosa. Existen otros menos populares como el kéfir (otro tipo de leche fermentada por otros microorganismos) o el chucrut (col fermentada) que han mostrado también beneficios a nivel digestivo.

En cuanto a los prebióticos muchos de ellos son de origen vegetal, se trata en su mayoría de fibras y oligosacáridos (pequeñas cadenas de diferentes tipos de azúcares) que no podemos asimilar y que encontramos en los puerros, la achicoria, los espárragos, las alcachofas, las cebollas, la lechuga, los plátanos… Al igual que sucede con algunos probióticos también algunos prebióticos pueden ocasionar gases y sensación de hinchazón. Se trata de fundamentalmente de aquellos que son aprovechados mediante fermentación por nuestros lactobacilos, y por eso, en las personas tendentes a padecer estos síntomas se recomendaría comenzar por dosis bajas. A veces los prebióticos se añaden a los alimentos, como sucede por ejemplo con uno de los más conocidos, la inulina, ya que aporta un suave dulzor.

Actualmente se habla además de prebióticos de segunda generación, que son aquellos que aportan más beneficios que el de su efecto positivo sobre la microbiota. Entre estos quisiera destacar los galacto-oligosacáridos (GOS), que naturalmente se encuentran a la leche materna, una de sus peculiaridades es que es de los pocos prebióticos que no son de origen vegetal. Se ha visto que los GOS incrementan de forma muy importante las poblaciones de bifidobacterias, que mejoran la absorción de minerales como el calcio, y que por si esto fuese poco, favorecen la expresión de moléculas anti-inflamatorias en células intestinales. Todo ello sin que hayan aparecido efectos secundarios y a dosis bajas. Diferentes prebióticos han mostrado otros efectos beneficiosos, sobre el estreñimiento, el colesterol, incluso en la prevención del cáncer de colon, lo cual es una muestra más de su trascendencia para nuestra salud.

Como vemos tanto los prebióticos como los probióticos pueden encontrarse en los alimentos de manera natural, por ello es conveniente que cuidemos nuestra dieta para cuidar nuestra “flora intestinal”. Uno de los consejos más sencillos de seguir es el de aumentar el consumo de vegetales, lo que podemos hacer fácilmente introduciendo la fruta entre horas o consumiendo ensaladas como guarnición. Estos vegetales nos aportarán además un gran número de micronutrientes, fundamentales para afrontar con salud nuestro día a día. 
Otro consejo importante es el de reducir el consumo de azúcar, ya que ésta favorece el desequilibrio de la microbiota fomentando el crecimiento de microorganismos potencialmente patógenos, como las temidas cándidas, una afección por desgracia cada vez más frecuente y muy molesta. Recordemos que el azúcar se encuentra en muchos productos como galletas, barritas, bollería, postres lácteos, chocolates… y por tanto evitarla nos obligará a estar atentos a todos estos productos. Con ello no pretendo que renunciéis al delicioso sabor dulce, pero sí moderarnos, buscarlo en las sabrosas frutas o recurrir a sustitutos naturales como la estevia, una planta endulzante. Insisto en lo naturales, ya que algunos endulzantes sintéticos se ha visto que dañan a la microbiota, de hecho un tercer consejo sería el de disminuir la ingesta aditivos, pues está demostrado que varios de ellos perjudican al ecosistema bacteriano intestinal. Para lograrlo debemos informarnos adecuadamente sobre lo que consumimos, sirviéndonos de las etiquetas, que nos alertarán de su presencia. Disminuir los alimentos procesados y decantarnos por alimentos ecológicos que excluyen el empleo de la mayoría de aditivos, nos servirá también de gran ayuda. 

Muchos vegetales contienen fibras prebióticas naturalmente presentes en su composición. Los alimentos fermentados contienen a su vez especies probióticas.


Para finalizar debemos contemplar brevemente otros factores que alteran nocivamente a la microbiota como son el estrés, algunas patologías y diversos medicamentos. Sobre el estrés hemos hablado ya en más de una ocasión en estas páginas, por lo que se que sois conscientes de los múltiples problemas de salud que puede conllevar y la importancia de su prevención a través de actividades relajantes o divertidas, como por ejemplo el contacto con la naturaleza. En cuanto a las enfermedades y fármacos que alteran a la “flora” se debe valorar la conveniencia del uso de suplementos probióticos y/o prebióticos, ya que la alimentación pueden resultar insuficiente para contrarrestar sus efectos. Esto no excluye que acompañemos a esos complementos de cambios nutricionales, ya que esto nos permitirá avanzar más rápido y, sobre todo, prolongar en el tiempo su efecto, ayudándonos a mantener a nuestra microbiota “en forma”.

Ahora ya me despido, esperando que este artículo no os haya resultado demasiado largo y sobre todo que esta información os pueda servir para cuidaros un poco más, cuidando de esta manera vuestra microbiota, y contribuyendo así al fortalecimiento de vuestro sistema inmune, digestivo, y de vuestra salud global, porque como sabéis todo está relacionado.

Un abrazo y hasta la próxima.

*Género: Clasificación, categoría taxonómica que agrupa a varias especies: Ejemplo, el género Homo que incluye a la especie humana : Homo sapiens, pero también a otras especies extintas como el Homo erectus.
* Pouchitis ulcerosa: Enfermedad inflamatoria que afecta a la bolsa ileoanal construida quirúrgicamente en el caso de algunos pacientes de colitis ulcerosa resistentes al tratamiento.


Deva Camino Monteserín Fernández. 


La información contenida en este artículo tiene una función meramente informativa. En todos los casos es preferible consultar con su terapeuta, médico, u otro profesional de la salud.


jueves, 6 de octubre de 2016

Preparémonos en el otoño con los frutos secos

Ha llegado ya el otoño, esa hermosa estación que cubre de cálidos ocres a nuestros bosques pero también al cielo de grises. En estas semanas los días se acortan, refrescan y a menudo se tornan plomizos, anunciándonos la proximidad del frío invierno. Es por todo ello la época ideal para preparar a nuestro organismo con los nutrientes necesarios, que nos permitan afrontar llenos de vitalidad este cambio de tiempo. Para esto tenemos la suerte de contar con un auténtico regalo de la naturaleza, tanto para nuestra salud como para nuestro paladar, nos referimos a los sabrosísimos frutos secos.

Los frutos secos se definen como aquellos frutos en cuya composición existe menos de un 50% de agua, normalmente son oleaginosos y poseen una cáscara más o menos dura. Si bien es verdad que existe cierta confusión al respecto, pues no todos los autores manejan exactamente los mismos parámetros para definirlos. Esto da lugar a casos dudosos, tal como sucede por ejemplo con los cacahuetes, una leguminosa que popularmente se considera como tal.

Más allá de los debates semánticos y de clasificación, lo que aquí os queremos contar es la maravilla que suponen estos frutos para nuestra salud, pues presentan una elevadísima concentración de nutrientes capaces de aportarnos multitud de beneficios.


De manera general os podemos decir que casi todos ellos poseen ácidos grasos poliinsaturados, cuyo consumo frecuente nos permite disminuir el colesterol tipo LDL (el malo) y protegernos frente a las enfermedades cardiovasculares.

Poseen también muchos minerales, como el magnesio, indispensable para nuestro sistema nervioso, y alcalinizante, algo muy de agradecer teniendo en cuenta que, en conjunto, la alimentación predominante en los países occidentales, es acidificante.

Desde el punto de vista dietético tenemos una estupenda notica que daros y es que a pesar de su elevado contenido graso se ha comprobado que ingestas de incluso 100 g diarios no conducen a un aumento de peso. Probablemente esto se deba a que estas mismas grasas, junto con su gran cantidad de fibra, proteína y su escasez de azúcares, contribuyen a hacerlos muy saciantes; además se trata de grasas “saludables” que poseen múltiples funciones en nuestro organismo y tienden menos que otras a acumularse en forma de tejido adiposo.

Para obtener sus beneficios se recomienda el consumo de al menos 30g, aproximadamente un puñado, un mínimo de 4 veces por semana. Deberemos optar por los preparados crudos y sin salar, pues al freírlos, tostarlos o salarlos pierden parte de sus propiedades. Una manera sencilla de introducirlos en nuestra alimentación diaria es como parte de nuestro tentempié o postre.

Desde aquí os aconsejamos consumirlos de manera variada, pues por suerte cada vez existen más tipos diferentes a nuestra disposición. Si bien es cierto que siempre es adecuado conocer su composición, por si por nuestra salud nos es más conveniente inclinarnos por unos u otros. Así que vamos a explicaros algunos de los más consumidos un poco más en profundidad:
  • Nueces: Posiblemente se trata del fruto seco más valorado actualmente, y su fama es bien merecida, pues su aporte de ácidos grasos omega 3 hace que un consumo diario de 4 de estos deliciosos frutos sea suficiente para disminuir de manera muy significativa el riesgo de enfermedad cardiovascular, lo que incluye a los temidos infartos e ictus cerebrales. Destaca además por su capacidad antioxidante y por su elevado contenido en manganeso, muy importante para unos huesos y cartílagos fuertes, así como para el correcto funcionamiento del sistema nervioso.

  • Almendras: El consumo de almendras es muy popular en nuestro país, y eso es una buena noticia para nuestra salud, pues se trata de un fruto seco muy rico en minerales. De entre ellos destaca el potasio, que regula el equilibrio ácido-alcalino, nos ayuda a mantener una tensión arterial adecuada y participa en la contracción muscular, previniendo por ejemplo los calambres. Su contenido en calcio es así mismo considerable, éste, además de ser importante para la formación y mantenimiento de nuestros huesos, participa en otros muchos procesos, como la coagulación de la sangre, o, al igual que el potasio, en la contracción muscular. 

  • Avellanas: Las deliciosas avellanas parecen haber caído en el olvido para muchos consumidores, lo cual es una auténtica pena pues además de por su sabor poseen una importante cantidad de vitaminas, como la B1, la B6 o la vitamina E. Las dos primeras poseen un papel destacado en el sistema nervioso, mientras que la vitamina E es muy antioxidante. Por otro lado poseen una elevada presencia de fitoesteroles, moléculas que disminuyen la absorción del colesterol, convirtiéndose así en una estupenda alternativa para aquellas personas que padecen hipercolesterolemia, patología actualmente tan temida como extendida.

  • Pistachos: Este pequeño fruto seco se ha popularizado considerablemente en los últimos años. En su composición encontramos una gran cantidad de hierro, gracias al cual podemos prevenir el cansancio producido por las anemias. Otro mineral a destacar es el fósforo, que participa en la formación de los huesos y en la producción de energía.

  • Castañas: Las castañas son un fruto seco bastante particular pues en ellas predominan los hidratos de carbono complejos, que junto a su fibra y el agua que poseen las convierten en un alimento con elevada capacidad saciante. En su composición destaca el potasio y el fósforo, de los que ya hemos hablado, y además cabe mencionar que algunos estudios les atribuyen propiedades de mejora de la función vascular y antiinflamatorias. Al contrario que la mayoría de los frutos secos es mejor tomarlas cocinadas, normalmente cocidas o asadas, lo que mejorará su digestión sin alterar apenas sus propiedades. 


La lista de frutos secos, por fortuna , es muy amplia como para hablar de cada uno de ellos en detalle pero no me gustaría dejar de nombrar aquí a algunos más. Entre los más populares están los cacahuetes, con mucha vitamina B3, muy importante para el sistema nervioso y el vascular. Otros cada vez más conocidos son los anacardos, ricos en hierro, y las nueces de Brasil, que poseen una extraordinaria cantidad de selenio, un potente antioxidante que además contribuye al buen funcionamiento de la tiroides.
Puede que algunos halláis echado de menos a las famosas pipas de girasol o de calabaza, pero no os preocupéis porque os adelanto que en breve os descubriremos sus propiedades en otro artículo sobre las semillas comestibles.
Finalmente queremos terminar animándoos a incluir en vuestra alimentación diaria a estos tesoros de la naturaleza, pues no hay nada mejor para combatir la llegada del frío y hacerlo cargados de energía. Recordad que cuidarnos con nuestra alimentación es el mejor modo de prevenir, y los frutos secos nos permiten además hacerlo al mismo tiempo que disfrutamos.


Deva Camino Monteserín Fernández.


La información contenida en este artículo tiene una función meramente informativa. En todos los casos es preferible consultar con su terapeuta, médico, u otro profesional de la salud.


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