jueves, 13 de octubre de 2016

Robióticos y probióticos: Más allá de eslóganes publicitarios

En esta ocasión hemos elegido un tema que podríamos decir que está, en cierta manera, de moda. A ello ha contribuido especialmente la publicidad televisiva de algunas empresas de alimentación, que fomentan enormes expectativas que por desgracia, no suelen corresponderse con lo que nos ofrecen. De hecho hace ya un tiempo que me apetecía hablaros de esta materia, no solo por su importancia sino también por la confusión que genera. 

Los mensajes publicitarios sobre las propiedades saludables de algunos productos con probióticos o prebióticos, no siempre son lo suficientemente precisas.

Para comenzar me parece fundamental clarificar conceptos. Lo primordial para desenmarañar la madeja de las informaciones imprecisas es saber qué es un probiótico. Pues bien, los probióticos son microorganismos que habitan en nuestro tubo digestivo y que nos aportan uno o más beneficios, la mayoría de ellos se localizan en el colon. La siguiente cuestión sería ¿En qué se distingue un probiótico de un prebiótico? Pues son totalmente diferentes, ya que los prebióticos son sustancias nutricionales que ingerimos y que incrementan o mejoran la actividad de los microorganismos probióticos. Los prebióticos se caracterizan además porque no son digeribles, es decir, no son absorbidos en el intestino, sin embargo los microorganismos del tubo digestivo sí que los aprovechan. 

Ahora podemos pasar al siguiente punto de importancia ¿Qué nos aportan? Para ello debemos de considerar que en el colon hay más de 100 billones (Sí, con B) de bacterias que junto con otros microorganismos, virus y levaduras principalmente, conforman un complejo ecosistema de cientos de especies, esto es lo que se denomina microbiota intestinal, y que popularmente conocemos como “flora intestinal”. Todos ellos suponen un número de células 10 veces superior a las propias del organismo humano, dato que nunca dejará de sorprenderme.

La microbiota varía entre cada individuo, esta depende de múltiples factores, como qué bacterias nos transfirió nuestra madre durante el nacimiento, si ha habido o no lactancia materna, nuestra alimentación, el agua que bebemos, el estrés, enfermedades, medicaciones… Un dato curioso es que se cree que existen tres patrones básicos según la flora que poseamos, pero esto es algo que se sigue estudiando hoy en día por lo que por el momento no vamos a profundizar en sus posibles repercusiones, y más teniendo en cuenta que existen muchos otros asuntos constatados para abordar en este artículo.
En el colon es donde se concentra un mayor número de bacterias intestinales.

Las funciones de la microbiota son variadas y cada vez los estudios muestran más conexiones con otros sistemas corporales que resultaban difíciles de imaginar, como con el sistema nervioso, el cardiovascular, el metabolismo... De todas formas hoy nos centraremos en las más evidentes, ya que son trascendentales:
  • Mejora de la nutrición al transformar sustancias que nuestro intestino por sí solo no podría asimilar.
  • Prevención de infecciones al impedir el asentamiento de microorganismos patógenos.
  • Favorecen el desarrollo adecuado de las células del epitelio intestinal.
  • Apoyan el desarrollo del sistema inmune y su funcionamiento (Son inmumomoduladoras)

Posiblemente sea esto último lo que ha suscitado un mayor interés para la población general. Sin estos microorganismos la producción de células inmunes es muy baja, por lo que los patógenos podrían invadirnos con gran facilidad, siendo víctimas de continuas infecciones. Podemos decir, de manera metafórica, que nuestro sistema inmune se “entrena” con la microbiota intestinal. Como ya hemos mencionado en otras ocasiones el intestino es el órgano que alberga un mayor número de células inmunes, lo cual no debería sorprendernos si tenemos en cuenta su constante exposición a “elementos externos”, principalmente los alimentos y todo lo que les acompañan, incluyendo los aditivos y los microbios. Todo esto hace de la microbiota un elemento decisivo para la inmunidad, y no solo en cuanto a número de células, sino en cuanto a que esas células se formen y “trabajen” correctamente, de forma que una buena microbiota disminuye, por ejemplo, la respuesta a algunos alérgenos.

Existen dos géneros*, el de los lactobacilos y el de las bifidobacterias que comprenden un gran número de especies probióticas. Se sabe que su utilización es segura y de hecho la mayoría de los complementos alimenticios de probióticos se basan en ellos. Es conveniente que conozcamos que cada especie actúa de manera diferenciada en nuestro intestino, incluso existen variedades importantes en cuanto a las subespecies y a las cepas. Veamos un caso especialmente interesante, Escherichia coli es una especie con gran diversidad, no se puede considerar, en su conjunto, de uso seguro por lo que no se incluye habitualmente en los suplementos alimentarios. Entre esa gran variedad de Escherichia coli tenemos, por ejemplo al microorganismo Escherichia coli cepa CFT073 que causa infecciones a nivel urinario, pero también a Escherichia coli Nissle 1917 que es una cepa probiótica con resultados alentadores en la colitis ulcerosa. Como os decía a Escherichia coli no suele incluírsele en los suplementos de probióticos pero si a muchas especies de lactobacilos y bifidobacterias, que si bien son seguras no todas son eficaces. Por todo esto cuando nos interesemos por un suplemento con bacterias probióticas sería conveniente que nos informásemos de si las especies que contienen han sido identificadas y estudiadas a nivel de cepa, ya que no todos los fabricantes tienen el suficiente cuidado.

Otro asunto a saber respecto a los probióticos, y que se pregunta con frecuencia, es el tiempo que es necesario consumirlos. Pues bien, como es lógico presuponer, esto dependerá del uso que se quiera dar a esos probióticos. Uno de los más habituales es el de prevenir la diarrea asociada frecuentemente a algunos antibióticos, aquí sería suficiente con consumirlos durante el tiempo que dure el tratamiento. Otro caso bien distinto sería en el que pretendemos modificar la microbiota general de una persona, los estudios actuales apuntan que se necesitarían meses de tratamiento y, posiblemente, continuar con una toma periódica, intercalando épocas de descanso.

Debemos de tener en cuenta que el consumo de probióticos debe ser en dosis suficientes para mostrar su eficacia, y ésta suele ser a partir de 109 (Mil millones) de bacterias viables al día. Con viables nos referimos a su capacidad para sobrevivir a las difíciles condiciones del tracto digestivo, como la acidez estomacal. En la viabilidad del microorganismo no solo influyen las características propias de su especie, sino también las de la forma en que se presentan, por ejemplo, de que está hecha la cápsula. Por otro lado conviene que conozcamos que su ingesta puede ocasionar molestias, la más usual es el hinchazón, especialmente si se toman lactobacilos, que parecen ser las especies más eficaces para la prevención de algunas infecciones que originan diarreas. Para mitigarlo suele ser suficiente con partir de una dosis más baja e ir aumentándola gradualmente. Aprovecho para comentaros aquí, que existe una cepa de Bifidobacterium infantis con evidencia favorable sobre el hinchazón en pacientes con el síndrome del intestino irritable; como vemos de nuevo, es muy importante que nos informemos de qué probiótico conviene tomar para cada caso.


Algunas especies de bacterias probióticas se han mostrado eficaces para reducir la intensidad de la sintomatología asociada al síndrome del intestino irritable.
Si nos centramos en las E.I.I., se están llevando a cabo muchos experimentos sobre su posible relación con alteraciones de la microbiota. Se han encontrado anomalías en los patrones habituales de las especies que componen la microbiota de los pacientes con E.I.I., esto ha abierto nuevas vías de investigación para tratar de constatar si una mejora de la misma repercute en la evolución de la patología o en un alivio de la sintomatología asociada. Si bien los estudios referentes a la enfermedad de Crohn son aún poco clarificadores sobre el posible papel de los probióticos, sí existen evidencias en enfermedades inflamatorias intestinales como la colitis, la pouchitis* ulcerosa o la enterocolitis necrotizante en prematuros. Veíamos anteriormente el ejemplo de Escherichia coli Nissle 1917, que se ha mostrado útil en mantener la remisión en la colitis, pero existen incluso ensayos en los que mezclas de probióticos a altas dosis han resultado eficaces para favorecer la remisión durante la colitis ulcerosa activa leve o moderada. Las investigaciones continúan en la actualidad.

Hoy en día se anuncian probióticos en comprimidos y otros que han sido añadidos a los alimentos, pero los probióticos han estado presentes en nuestra dieta mucho antes de que llegase este “boom” al mercado. Los alimentos que naturalmente los contienen son aquellos que han sufrido una fermentación por parte de microorganismos que nos son beneficiosos y que poseen además las condiciones adecuadas para su supervivencia. El más conocido es el yogur, que consiste en leche fermentada por las especies Lactobacillus delbrueckii subesp. bulgaricus y Streptococcus thermophilus. Se ha demostrado que su consumo disminuye la sintomatología asociada a la intolerancia a la lactosa. Existen otros menos populares como el kéfir (otro tipo de leche fermentada por otros microorganismos) o el chucrut (col fermentada) que han mostrado también beneficios a nivel digestivo.

En cuanto a los prebióticos muchos de ellos son de origen vegetal, se trata en su mayoría de fibras y oligosacáridos (pequeñas cadenas de diferentes tipos de azúcares) que no podemos asimilar y que encontramos en los puerros, la achicoria, los espárragos, las alcachofas, las cebollas, la lechuga, los plátanos… Al igual que sucede con algunos probióticos también algunos prebióticos pueden ocasionar gases y sensación de hinchazón. Se trata de fundamentalmente de aquellos que son aprovechados mediante fermentación por nuestros lactobacilos, y por eso, en las personas tendentes a padecer estos síntomas se recomendaría comenzar por dosis bajas. A veces los prebióticos se añaden a los alimentos, como sucede por ejemplo con uno de los más conocidos, la inulina, ya que aporta un suave dulzor.

Actualmente se habla además de prebióticos de segunda generación, que son aquellos que aportan más beneficios que el de su efecto positivo sobre la microbiota. Entre estos quisiera destacar los galacto-oligosacáridos (GOS), que naturalmente se encuentran a la leche materna, una de sus peculiaridades es que es de los pocos prebióticos que no son de origen vegetal. Se ha visto que los GOS incrementan de forma muy importante las poblaciones de bifidobacterias, que mejoran la absorción de minerales como el calcio, y que por si esto fuese poco, favorecen la expresión de moléculas anti-inflamatorias en células intestinales. Todo ello sin que hayan aparecido efectos secundarios y a dosis bajas. Diferentes prebióticos han mostrado otros efectos beneficiosos, sobre el estreñimiento, el colesterol, incluso en la prevención del cáncer de colon, lo cual es una muestra más de su trascendencia para nuestra salud.

Como vemos tanto los prebióticos como los probióticos pueden encontrarse en los alimentos de manera natural, por ello es conveniente que cuidemos nuestra dieta para cuidar nuestra “flora intestinal”. Uno de los consejos más sencillos de seguir es el de aumentar el consumo de vegetales, lo que podemos hacer fácilmente introduciendo la fruta entre horas o consumiendo ensaladas como guarnición. Estos vegetales nos aportarán además un gran número de micronutrientes, fundamentales para afrontar con salud nuestro día a día. 
Otro consejo importante es el de reducir el consumo de azúcar, ya que ésta favorece el desequilibrio de la microbiota fomentando el crecimiento de microorganismos potencialmente patógenos, como las temidas cándidas, una afección por desgracia cada vez más frecuente y muy molesta. Recordemos que el azúcar se encuentra en muchos productos como galletas, barritas, bollería, postres lácteos, chocolates… y por tanto evitarla nos obligará a estar atentos a todos estos productos. Con ello no pretendo que renunciéis al delicioso sabor dulce, pero sí moderarnos, buscarlo en las sabrosas frutas o recurrir a sustitutos naturales como la estevia, una planta endulzante. Insisto en lo naturales, ya que algunos endulzantes sintéticos se ha visto que dañan a la microbiota, de hecho un tercer consejo sería el de disminuir la ingesta aditivos, pues está demostrado que varios de ellos perjudican al ecosistema bacteriano intestinal. Para lograrlo debemos informarnos adecuadamente sobre lo que consumimos, sirviéndonos de las etiquetas, que nos alertarán de su presencia. Disminuir los alimentos procesados y decantarnos por alimentos ecológicos que excluyen el empleo de la mayoría de aditivos, nos servirá también de gran ayuda. 

Muchos vegetales contienen fibras prebióticas naturalmente presentes en su composición. Los alimentos fermentados contienen a su vez especies probióticas.


Para finalizar debemos contemplar brevemente otros factores que alteran nocivamente a la microbiota como son el estrés, algunas patologías y diversos medicamentos. Sobre el estrés hemos hablado ya en más de una ocasión en estas páginas, por lo que se que sois conscientes de los múltiples problemas de salud que puede conllevar y la importancia de su prevención a través de actividades relajantes o divertidas, como por ejemplo el contacto con la naturaleza. En cuanto a las enfermedades y fármacos que alteran a la “flora” se debe valorar la conveniencia del uso de suplementos probióticos y/o prebióticos, ya que la alimentación pueden resultar insuficiente para contrarrestar sus efectos. Esto no excluye que acompañemos a esos complementos de cambios nutricionales, ya que esto nos permitirá avanzar más rápido y, sobre todo, prolongar en el tiempo su efecto, ayudándonos a mantener a nuestra microbiota “en forma”.

Ahora ya me despido, esperando que este artículo no os haya resultado demasiado largo y sobre todo que esta información os pueda servir para cuidaros un poco más, cuidando de esta manera vuestra microbiota, y contribuyendo así al fortalecimiento de vuestro sistema inmune, digestivo, y de vuestra salud global, porque como sabéis todo está relacionado.

Un abrazo y hasta la próxima.

*Género: Clasificación, categoría taxonómica que agrupa a varias especies: Ejemplo, el género Homo que incluye a la especie humana : Homo sapiens, pero también a otras especies extintas como el Homo erectus.
* Pouchitis ulcerosa: Enfermedad inflamatoria que afecta a la bolsa ileoanal construida quirúrgicamente en el caso de algunos pacientes de colitis ulcerosa resistentes al tratamiento.


Deva Camino Monteserín Fernández. 


La información contenida en este artículo tiene una función meramente informativa. En todos los casos es preferible consultar con su terapeuta, médico, u otro profesional de la salud.


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