jueves, 22 de noviembre de 2012

Las intolerancias o sensibilidad alimentaria

Os dejamos a continuación el artículo de nuestra compañera Deva Camino Monteserín que ha sido publicado en la revista ACCUACTUAL (Asociación de enfermos de Crohn y colitis ulcerosa del Principado de Asturias)



Cuando desde ACCU se me propuso hacer un artículo sobre las intolerancias alimentarias, me pareció muy interesante. Si digo esto es porque se trata de un tema todavía poco conocido para buena parte de la población y sin embargo más habitual de los que nos pensamos, y en ocasiones con gran repercusión sobre la salud de los que lo padecen

Para realizar este artículo se me han planteado una serie de preguntas a responder que abordaremos un poco más adelante, pero lo primero es comprender que es una intolerancia alimentaria, o sensibilidad alimentaria como prefiero denominarla.

Ante todo una sensibilidad alimentaria no es una alergia. Mientras que en una alergia usualmente aparecen de forma rápida síntomas severos e inequívocos como vómitos, diarrea, edema, urticaria o dificultad respiratoria (pudiendo incluso a provacar la muerte), en las sensibilizaciones alimentarias los síntomas son más difusos, si bien algunos pueden ser compartidos por ambos trastornos: molestias digestivas, cefaleas, atopias dérmicas, dolores musculares, retención de líquidos, fatiga injustificada...

Tradicionalmente se han definido las alergias alimentarias como reacciones adversas frente a los alimentos en las que interviene el sistema inmune, mientras que se creía que en las intolerancias este no actuaba, tratándose en la mayoría de las ocasiones de transtornos de tipo metabólico; Por ejemplo: en la intolerancia a la lactosa (el azúcar de la leche) ese transtorno metabólico sería el déficit de la enzima que la descompone: la lactasa.

En los últimos años han surgido sin embargo diferentes estudios que indican que existen intolerancias en las que también interviene el sistema inmune (defensivo). Mientras que en las alergias interviene la inmunoglobulina E* (Ig E) es estas intolerancias o sensibilizaciones alimentarias intervendría inicialmente la inmunoglobulina A y posteriormente, tras varias exposiciones a la sustancia causante de la reacción, la inmunoglobulina G. 
Existe cierta confusión sobre la definición de estos trastornos refiriéndonos a ellos como sensibilidad alimentaria, intolerancia alimentaria o alergias no mediadas por Ig E.

Por otra parte en las alergias "clásicas" los síntomas se dan ante cualquier exposición a la sustancia alérgica y de manera inmediata o poco tiempo después de haber ingerido el alimento. Por contra en la sensibilización los síntomas aparecen tras exposiciones repetidas, como una intoxicación que se sucede lentamente, y pueden manifestarse horas, en incluso días, después del último contacto con la sustancia desencadenante. Pongamos un ejemplo con una pequeña escala de tiempo que nos permita comprender esto mejor:

Si sufrimos una sensibilización al huevo podemos comer un día un huevo frito y no tendremos síntomas aunque la reacción inmunológica interna haya comenzado. Al día siguiente desayunaremos un riquísimo bizcocho casero, cuya receta incluye huevo, y la reacción continuará en nuestro interior, de forma asintomática, sin embargo el tercer día nos comeremos una tortilla de patatas, que horas después de su ingesta nos producirá una ligera cefalea, apenas cierto embotamiento. 
El cuarto día, hacia el mediodía, cogemos una pequeña galleta con el café, en cuya composición también hay huevo, y ese mismo día, al llegar la noche, sufrimos una dolorosa cefalea que nos es imposible relacionar con el huevo que hemos comido al principio de la semana.

Algunos de los alimentos que causan con más frecuencia sensibilización (o intolerancia) son: leche, trigo, huevos, carnes de ganadería industrial, mariscos, frutos secos, quesos,... En algunos de estos casos, como en el de las carnes debemos de destacar que un estudio adecuado puede indicar que la intolerancia no es a la propia carne sino a las sustancias empleadas para su engorde artificial (hormonas, antibióticos...), lo mismo sucede con los pesticidas o fertilizantes en los vegetales, y todo tipo de aditivos alimentarios (conservantes, colorantes,...)

Otro aspecto muy a tener en cuenta es el posible origen de estas sensibilizaciones. Existen diversos estudios que señalan a la permeabilidad intestinal (o síndrome del intestino agujereado) como principal causante de estos problemas. Si bien, ya hemos hablado alguna vez en esta revista de ello, no estaría de más que lo recordásemos:

En nuestro intestino existen células que permiten que los nutrientes pasen a través de ellas (Enterocitos) y desde ahí al torrente sanguíneo o linfático para ser distribuidas por todo nuestro organismo.

Cuando las uniones entre esas células se debilitan, se crean "poros" por los que pasarán a nuestro interior todo tipo de partículas no nutritivas, virus, bacterias o sustancias alimentarias no digeridas y "demasiado grandes", en una forma que resulta extraña para nuestro sistema inmune. Una vez dentro este sistema defensivo puede reaccionar frente a ellas formando inmunocomplejos** que podrían desencadenar reacciones de inflamación en diferentes tejidos. Finalmente esos tejidos acabarían dañándose como resultado de una inflamación continuada.

Como vemos las consecuencias de esta permeabilidad van sucediéndose y agravándose con el tiempo, de manera que un tejido alterado puede dar lugar a reacciones de autoinmunidad en las que el propio sistema inmune ataca a ese tejido, y desencadenar así una enfermedad de tipo autoinmune cuyos síntomas pueden trastocar de manera determinante la vida de una persona.

Es por ello que debemos tratar de evitar la porosidad de nuestro intestino y para ello debemos procurar evitar su inflamación. Si bien en los pacientes de colitis crónica o crohn esto es muy complicado sí que resulta de máximo interés, y podéis además, desde vuestra propia experiencia, prevenir a los más allegados para que cuiden su intestino.

Para esto resulta muy importante, entre otras medidas, controlar el estrés y moderar el consumo de grasas saturadas (ya que facilitan los procesos inflamatorios), evitar los aditivos artificiales (alimentos procesados), el tabaco, los picantes, el alcohol, el café y disminuir en lo posible el consumo de fármacos.

Especial cuidado debemos tener con los antibióticos y algunos antiinflamatorios, que además pueden ser sustituidos en la mayoría de las ocasiones por alternativas naturales como la equinácea, el propóleo, el harpagofito... También sería recomendable evitar los anticonceptivos orales, otro de los grandes causantes de permeabilidad, que podrían ser sustituidos por el anillo o los parches anticonceptivos.

Es también de suma importancia el mantenimiento de una flora intestinal adecuada, potenciando el crecimiento de las que podríamos denominar "bacterias buenas", que crecen en simbiosis con nosotros. Para ello deberemos procurar una dieta con un consumo bajo de azúcares, elevado en fibra (verduras, frutas y cereales integrales) y donde estén presentes además alimentos fermentados como los yogures naturales o el kéfir que aportarán a su vez bacterias beneficiosas para nuestro intestino y nuestra inmunidad.

Una vez más y como podemos comprobar, la clave está en una educación sanitaria basada en la prevención, y de ello debemos hacer participes a todos nuestros allegados. Aprovecho este espacio para recordar que el consumo de azúcar se ha disparado en todo el mundo. Debemos de tener en cuenta que hasta el siglo XVIII el azúcar blanco se trataba de un alimento exótico y de lujo, apenas presente en la alimentación de las clases más adineradas. Por contra, hoy en día, el consumo de azúcar se ha hecho omnipresente, alcanzando cifras abrumadoras, que rondan los 80 kg de azúcar por persona y año en algunos países. Debemos intentar frenar esta tendencia y así evitar, como sucede actualmente, que nuestros niños en la primera década de su vida hayan ingerido ya mucha más azúcar que sus abuelos en toda su vida. Nuestro metabolismo no está preparado para esto, y de ahí pueden derivar mucho otros transtornos: oxidación, intolerancia a la glucosa, diabetes tipo II,...

Pensemos que el azúcar no está tan solo en las chuches o los dulces sino también se añade a las conservas, el tomate, la mahonesa, el cacao, el jamón york, yogures, refrescos,... o se incrementa mediante diversos mecanismos como sucede en los zumos concentrados. El azúcar se encuentra además de manera natural en la leche, las frutas, las verduras, y en su forma más compleja en todas las harinas y tubérculos como los patatas. 
Debemos ejercer nuestras responsabilidad como adultos informados y prevenir así a nuestros niños y adolescentes.

Como veis, y como ya casi resulta habitual en mis artículos, una vez más me he alargado más de lo que tenía previsto, pero es que en salud todo es uno, y todo está relacionado, influyendo así múltiples factores en nuestro bienestar.

Ahora ya sí, y sin más dilación, paso a contestar las preguntas que de forma directa se me han planteado desde la dirección de la revista:

¿Ayuda a mejorar a un enfermo de Ell saber si padece alguna/s intolerancia/s alimentaria/s?
Como a cualquier persona que padezca una intolerancia, la respuesta es sí. Además, en este caso la intolerancia puede agravar algunos de los síntomas propios de las Ell: diarrea, dolor abdominal, nauseas, cansancio, dificultades en la absorción de determinados nutrientes,...


¿Las intolerancias hacia ciertos alimentos pueden variar con el tiempo o perduran?
Si bien tienden a perdurar y empeorar, sí es cierto que tras periodos en los que se evite al alimento responsable y se haga un adecuado tratamiento para la disminución de la permeabilidad intestinal: cambios dietéticos, suplementación, por ejemplo con ácidos grasos omega 3 (procedentes de pescados) y tratamiento con sustancias antiinflamatorias y regeneradoras de la mucosa intestinal, como los contenidos en ciertas plantas, esta puede desaparecer.
De igual modo si no se tratan convenientemente la permeabilidad tiende a aumentar y con ello se incrementa el riesgo de aparición de nuevas intolerancias.

¿Que síntomas suelen aparecer cuando existe alguna/s intolerancia/s alimentaria/s, suelen ir aumentando a lo largo del tiempo?
Como ya hemos dicho antes los síntomas son muy variados, en ocasiones agravan problemas ya existentes y otras ocasiones nuevas sintomatologías.
Los más frecuentes son los síntomas digestivos de todo tipo: estreñimiento, dolor, nauseas, hinchazón, diarrea...
Les siguen los síntomas dermatológicos: urticarios, eczemas, acné fuera del periodo adolescente,...
Son también muy habituales las cefaleas y en menor medida la rinitis y la dificultad respiratoria, además de otros más difusos como el cansancio constante, el nerviosismo, dolores articulares y musculares, o retención de líquidos persistente, que dificulta la pérdida de peso a no ser que se elimine ese alimento. Como vemos el abanico es muy amplio lo que puede complicar enormemente el diagnóstico.

¿Que tiempo suele pasar desde que se deja de tomar el alimento que produce intolerancia hasta que desaparecen los síntomas?
Usualmente unas pocas semanas es suficiente para notar la mejora, sin embargo existen síntomas que pueden desaparecer a los poco días y otros que irán disminuyendo paulatinamente durante varios meses. Como ya hemos indicado en ocasiones la intolerancia agrava sintomatologías preexistentes, con otros orígenes, por lo que estas perduran pero disminuye su intensidad o su frecuencia.

¿Cuándo debemos eliminar alimentos de la dieta, debemos sustituirlos por otros que contengan similares propiedades?
Por suerte la naturaleza nos brinda una amplia gama de alimentos en los que encontrar los nutrientes presentes en el alimento que convenga eliminar. Muchas veces la necesidad de un alimento no es tanto nutritiva como para satisfacer nuestro paladar y esto implica simplemente un cambio de costumbres. Por ejemplo si tenemos intolerancia al trigo no podremos tomar sus derivados: pasta, pan,... pero sí la pasta y el pan hecho a partir de otros cereales a los que no presentemos sensibilidad: la espelta (escanda en asturiano), el centeno, el arroz, el maíz,...

¿Existe algún estudio que nos de porcentajes actuales de intolerancias en la población?
Existen diversos estudios que nos hablan de entre un 30 y un 40% de la población afectada por diferentes tipo y grados de sensibilidad alimentaria en los paises occidentales. En algunas de ellas existe una predisposición genética pero el hecho de que se hayan incrementado tanto en los últimos años hace pensar que existe una relación con el estilo de vida de las denominadas sociedades modernas: los aditivos, el estrés o un consumo excesivo de tóxicos (tabaco, alcohol, algunos fármacos,...)

¿De que manera podemos averiguar cual/es alimentos nos producen intolerancia/s?
Existen diferentes estudios que nos pueden ayudar: sanguíneos, dérmicos, respiratorios, inmunológicos, por saliva, bioeléctricos... si bien debemos aclarar que se tratan de test orientativos y muchos de ellos aún se encuentran en fase de perfeccionamiento. Aún así se trata de estudios que pueden mejorar mucho la calidad de vida de algunas personas. El que más conozco se trata del test bioeléctrico, desarrollado por la universidad de Bolonia y de reciente implantación en España, por su peculiaridad aclararé que consiste en la emisión de distintos impulsos eléctricos con la radiofrecuencia de cada alimento, a partir de ahí analiza como afectan al potencial bioeléctrico de nuestro organismo.

La capacidad de diagnosticar y curar a través del potencial bioeléctrico era conocido desde hace siglos por la medicina oriental, sin embargo ha sido aceptado hace tan solo unos años por los paises occidentales a partir del reconocimiento de la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.), lo que permitió en su momento la aceptación de técnicas tan útiles como la acupuntura.
Volviendo al test también es cierto que presenta algunas restricciones, como que las personas que quieran someterse a él no pueden estar tomando determinados fármacos, de lo cual el paciente debe ser convenientemente informado para evitar unos resultados erróneos.

Por otro lado el nivel de intolerancia a los alimentos no siempre es igual, y habitualmente se clasifican en alto, medio o bajo y según esto se deberán adaptar las medidas dietéticas. Es por ello que debemos asegurarnos de que estos estudios son llevados a cabo por profesionales de la salud, que puedan posteriormente orientarnos en cómo mejorar nuestra alimentación de manera personalizada, según los resultados del test.

Nada más que añadir por mi parte, tan solo agradeceros una vez más vuestra invitación a participar en esta revista, todo un placer, y desearos un feliz otoño, en el que, con la vuelta a la rutina, os plantéis nuevos y beneficiosos hábitos con los que cuidaros cada día un poco más.



*Inmunoglobulina: molécula del sistema inmunitario que se une a sustancias extrañas (Antígenos) para indentificarlas y/o neutralizarlas.
** Inmunocomplejo: La unión de una inmunoglobulina con un anticuerpo. Esta desencadenará una respuesta del sistema inmune.
*** Los consejos aquí mencionados no sustituyen a la visita médica.

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