jueves, 22 de octubre de 2015

Cabello. Cómo evitar la caída otoñal.


La naturaleza es rítmica. Climatológicamente lo podemos ver en las estaciones del año. Podríamos decir que hay dos grandes fases biológicas al año. 


Durante la primavera-verano se da una época que favorece el crecimiento y la fertilidad. El otoño-invierno es favorable a procesos de enlentecimiento, e incluso estancamiento, biológicos.

Es precisamente en otoño-invierno cuando esta involución biológica se ve en todos los parques y jardines de nuestros pueblos y ciudades, así como en nuestros montes. Los árboles de hoja caduca, pierden sus hojas debido a la disminución de las horas de sol y luz y la disminución de temperaturas. 


Algo muy parecido es lo que ocurre con nuestro cabello: todo el mundo es consciente de que, estacionalmente el otoño es una época en la que la pérdida de unidades capilares aumenta.

Siempre que se enfoca el tema del origen o la causa dentro de cualquier problema de salud, se tiende a buscar o a identificar una única causa. ¡Nada más lejos de la realidad! Hoy en día cualquier terapeuta tiene más que asumido que el origen de la mayoría de los problemas que aquejan a la población es multifactorial (múltiples factores que confluyen y favorecen la aparición y la evolución del problema en cuestión).

Esto aplicado al tema del cabello indica que las causas a barajar ante una caída de cabello pueden (y suelen) ser variadas. Por un lado tenemos la causa más frecuente que es el aumento de hormonas sexuales masculinas o el aumento de la sensibilidad del folículo piloso a las mismas ("alopecia androgénica"). Por otro lado, y que cada vez vemos con mayor frecuencia, está la caída del cabello secundaria a algún proceso de estrés.
También hay que plantearse que una pérdida de la masa capilar puede ser secundaria a algún déficit de nutrientes esenciales (hierro, vitaminas...). Por otro lado tenemos la constante agresión físico-química a la que está sometido diariamente nuestro tejido capilar (champús químicos, secadores, gominas...). A todo esto hay que sumarle el factor estacional comentado anteriormente.

Pues bien, imaginemos un señor o una señora con condicionante genético marcado hacia unos niveles de hormonas masculinas altos, que soporta un alto nivel de estrés, que no se alimenta correctamente, que usa diariamente champús químicos y gomina o laca, y que además estamos en otoño.
Esta imagen no es tan anormal en nuestros días.

Indudablemente dentro de todos estos factores, hay unos modificables y otros no. Por ejemplo, no podemos modificar nuestra tendencia genética ni la estación del año.
Pero hay una serie de condicionantes sobre los que si puedo actuar. Con respecto al manejo del estrés, yo puedo trabajar con distintas técnicas (psicoterapia, yoga, relajación, meditación...) para que el impacto de la agresión psicoemocional de nuestra "vida moderna" sea lo mínimo posible. También podemos mejorar la calidad de nuestra alimentación por una doble vía: llevando una dieta adecuada y equilibrada que incluya frutas, verduras, frutos secos, semillas, productos germinados... y si todo esto es de origen ecológico, mucho mejor; y suplementándonos con la gran variedad y calidad de productos que nos ofrece el sector de la herbodietética en nuestro país.

Actuar sobre todos estos condicionantes sería una medida realmente deseable, pero puede suponer cambios tan importante en nuestros hábitos de vida de las personas que les resulte imposible mantenerlos a largo plazo. Sin embargo hay aspectos aparentemente insignificantes y muy fáciles de incorporar en nuestro día a día que harían un favor enorme a nuestro cabello. El más sencillo y significativo es cuidar los productos de aseo personal que ponemos en contacto con el mismo.

Hay que hacer un aparte para comentar algo sobre la agresión química que regalamos a nuestro cabello desde por la mañana. Los productos de higiene y belleza capilar que ofrece el mercado habitual tienen una acción irritante y tóxica sobre nuestro cuero cabelludo (en él se encuentra "la raíz" del cabello, que se denomina folículo piloso).

Pues bien, si implementamos en nuestra higiene diaria productos de origen natural y biológico, no sólo eliminamos la agresión química, sino que aportamos una gran cantidad de nutrientes (antioxidantes, vitaminas...) a la misma vez que se obtiene el objetivo de limpieza del cabello.


Encontramos en el mercado de la herbodietética numerosos champús que garantizan este objetivo. Mediante la presencia en su composición de principios activos como la miel de acacia (nutricional), la manteca de karité (reparadora), el aloe vera (suavizante), el árbol del té (purificante), la proteína de trigo (protector), la manzanilla (iluminador), el té verde (antioxidante)... nos ofrecen una gran variedad de productos adecuados para cada tipo de cabello, que nos permite aliviar la carga de factores favorecedores hacia la caída del cabello.


Pero no sólo eso, además podemos reforzar nuestra masa capilar con sustancias naturales realmente revitalizantes y energizantes para nuestros folículos pilosos como puede ser el arándano, que con sus propiedades antisépticas refuerza el cabello (ya que un cabello debilitado es más fácil que sea invadido por cualquier tipo de microorganismo); la lavanda, que con su capacidad de regeneración celular estimula las células del folículo piloso; y el grosello negro, antiinflamatorio que minimiza los impactos proinflamatorios que cada día sufre el pelo.

Como conclusión podríamos decir que una dieta adecuada, bien suplementada, en un contexto de acciones de vida hacia minimizar el estrés, con una serie de productos capilares no químicos, biológicos (champús, suavizantes, productos revitalizantes...) compensarán la tendencia genética y la estacionalidad que favorecen la caída del cabello.

Información cedida por la revista "Vida Natural", autor del artículo:Jesús Chicón

La información contenida en este artículo tiene una función meramente informativa. En todos los casos es preferible consultar con su terapeuta, médico, u otro profesional de la salud.

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